Por: Carla Huidobro
Quiero que alguien me diga que soy suficiente.
Pero no con palabras.
Con invitaciones.
Con menciones.
Con citas en papers que nunca voy a leer.
Quiero que me midan
y salga bien.
Que el algoritmo diga que valgo.
Que el Excel me sonría.
Que el índice H no sea un susurro que me repite
que aún no soy nadie.
Me esfuerzo.
Reviso cada coma.
Escribo de madrugada
para una revista que jamás me pagará.
Hablo con cuidado.
Leo más de lo que puedo digerir.
Pienso cosas hermosas
que nadie cita.
Y aún así me pregunto si valgo.
Como si mi existencia dependiera
de que alguien ponga mi nombre en una nota al pie.
Como si el corazón se contara con Scopus.
Como si no fuera suficiente
que estoy viva,
que escribo,
que pienso cosas que podrían salvarnos
si alguien se detuviera a escucharlas.
Pero no.
Todo se mide.
Todo se cuenta.
Todo es un número
y yo no alcanzo.
Pero igual escribo.
Porque si dejo de hacerlo,
me pierdo.
Porque en el fondo,
sé que valgo más que cualquier métrica.
Aunque a veces se me olvide.

