Por: Carla Huidobro
Que no cuente, dicen.
Que eso no es producción,
que no hay paper, ni índice, ni SNI
que respalde
tu cansancio.
Que el abrazo a la madre rota
no computa.
Que la palabra dicha
en el silencio de un velorio improvisado
no vale lo mismo
que una cita en APA.
Que tu activismo no es ciencia,
que el barro en los zapatos
no escribe tesis.
Que tus manos cargando duelo
no son evidencia.
Pero yo te vi.
Te vi llorar con ellos,
reír para sostenerlos,
guardar sus historias como quien guarda
los huesos del padre desaparecido.
Te vi quedarte cuando todos se iban.
Te vi mirar,
sentir,
callar,
y después escribir con el cuerpo,
con los sueños que ya no son tuyos.
Y eso, eso que no cuenta,
eso que no paga,
eso que no entra en la rúbrica,
es lo único que transforma.
Porque lo demás,
lo que sí cuenta,
lo que sí da puntos,
lo que sí sube en el ranking,
eso —perdóname—
eso es polvo.
Tú eres tierra.
Tú eres raíz en territorio herido.
Tú eres carne que escucha,
voz que no grita,
sino que arropa.
Y no, no lo pongas en tu CV.
No lo metas en la plataforma.
Pero no lo dejes.
No dejes nunca
eso que no cuenta
pero que te hace
estar viva.

